Biblioteca Popular José A. Guisasola




Hay libros que, una vez comenzados, no se pueden dejar de leer. Sólo en la última página están dispuestos a soltar a su gozosa víctima.
Casa de geishas (brevísimos relatos) propone una trampa más sutil. Ni siquiera los lectores más sensibles a su encanto querrán leerlo todo de una vez. Pero en cambio sentirán deseos de volver a sus páginas muchas veces. En cuanto hayan sido atrapados en su red, les resultará difícil o acaso imposible volver a ser verdaderamente libres.
Éste es un libro destinado a perdurar en la mesa de luz de sus lectores, amortizando con el paso del tiempo la inversión hecha en su compra. Con ustedes, Casa de geishas: un libro para no leer de un tirón.



Casa de Geishas, de Ana María Shua (Editorial Sudamericana, 1992)
Casa de Geishas, de Ana María Shua (Thule Ediciones, Barcelona, 2007)



Minificciones



Sofisticación

Para los más sofisticados (pero advirtiendo que se trata de una perversión muy cara) la madama está en condiciones de contratar los servicios de su propia esposa.




Imitación

Burdel de pueblo que imita famoso burdel de la capital que imita burdeles de Nueva Orleáns que imitan la idea que los americanos tienen de los burdeles de París. Burdel del pueblo, copia lejana: balcones de terciopelo rojo, mujeres de hierro forjado.




Tradición

Un digno burdel europeo del siglo XIX debía tener una gorda, una flaca, una judía, una negra. La judía podía también ser la flaca, pero la gorda no.




Insaciable

A otra mujer la llaman La Insaciable, como si alguien, alguna vez, saciara algún deseo.




Goces y decepciones

Decepción de quien es amado por una auténtica enfermera que se disfraza a tal fin de prostituta.
Para los que desean experimentar emociones fuertes se propone un acoplamiento en paracaídas, una horda de ratas o un incesto.




Doncella y unicornio

Dícese que la hija de los efrits, y entre ellas la incomparable Pari-Banu, renuevan su doncellez después de cada encuentro amoroso, para éxtasis y confusión de los probos unicornios.




Golem y rabino

¡No me obedezcas! —ordenó su Amo al perplejo Golem que, ansioso por cumplir su orden, la desobedeció al instante, mostrándose aún más servil que de costumbre.




Pista falsa

Seguir el reguero de manchas, ¿No será peligroso? ¿Cómo saber que conducen hasta el cadáver, y no hasta el asesino? (Pero las manchas son de tinta y llevan hasta la palabra fin.)




La tabla del nueve

Seductor, insinuante, susurraba en mi oído la tabla del nueve. Y rodeaba ya con su elástica lengua mi cintura, cuando alcancé, con alivio, a ver mi propia cara.




¡Huyamos!

¡Huyamos, los cazadores de letras est´n aqu´!




Espíritu

En estas humildes palabras está encerrado todo el espíritu de su autora: «Socorro, socorro, sáquenme de aquí».




El vasto número

3452, 3453, 3454… Cuenta, para dormirse, el vasto número de los hombres (los imagina saltando una tranquera) que nunca fueron sus amantes.




Caja de Cristal

Lenin y Blancanieves en sus respectivas cajas de cristal y esa larga fila de príncipes azules, de turistas, que no alcanza sin embargo a colmar la pavorosa ausencia de los enanitos.




Agua fría

Agua fría en la cara para borrar los pavorosos rastros del sueño, para borrar los restos de la pesadilla. Agua fría en la cara lisa, sin facciones: borrada.




Cuatro paredes

Siempre encerrada entre estas cuatro paredes, inventándome mundos para no pensar en la rutina, en esta vida plana, unidimensional, limitada por el fatal rectángulo de la hoja.




Prejuicios

Las mujeres hermosas son tontas o brujas, aunque haya también tontas malas, brujas feas, estúpidas horrendas, aunque todas ellas quepan en una sola frase que podría borrar, haciéndolas desaparecer (paro sólo a las hermosas) de la faz de la tierra.




El que no espera

La tranquila seguridad de saberse muerto y que alguien venga a golpear (¡con impaciencia!) en la tapa del cajón.




El disfraz

Oculta bajo este disfraz, maté a un pariente cercano. No van a descubrirme. No recibiré el castigo que deseo y temo. Sin embargo, lo quería mucho. Sin embargo, estoy desnuda.




Las desdichas tendidas

Por la noche, ladrones pobres me roban la ropa tendida. A la noche siguiente pongo a secar (bien estrujadas) mis desdichas mojadas por el llanto. A la mañana siguiente soy definitivamente feliz.




Pista confusa

Es invisible pero deja huella. Por las huellas es posible seguirlo. Es una encrucijada las huellas se dividen. Son invisibles pero dejan huellas. Por las huellas es posible seguirlos. Sólo que en cada encrucijada vuelven a dividirse las huellas.




Te tapa los ojos

Te tapa los ojos y te pregunta quien soy. Tiene las manos y la voz de tu hija menor. Ahora quiere también tus ojos.




Tragedia social

La miscelánea es una muñeca frágil, de los ojos azules, que no se puede bañar. La troglodita es una hembra de un insecto grande, voraz, con la cabeza muy pequeña. La neurosis es una tragedia social.




Robinson desafortunado

Corro hacia la playa. Si las olas hubieran dejado sobre la arena un pequeño barril de pólvora, aunque estuviese mojada, una navaja, algunos clavos, incluso una colección de pipas o unas simples tablas de madera, yo podría utilizar esos objetos para construir una novela. Qué hacer en cambio con estos párrafos mojados, con estas metáforas cubiertas de lapas y mejillones, con estos restos de otro triste naufragio literario.



Fuentes consultadas:
http://www.anamariashua.com.ar/casa_de_geishas.html
http://jyanes.blogspot.com.ar/2012/01/casa-de-geishas-ana-maria-shua.html
https://actaliteraria.blogspot.com.ar/2009/11/ana-maria-shua.html
http://www.calarca.net/minificciones/index29.html
https://es.scribd.com/doc/201666468/Ana-Maria-Shua-Casa-de-geishas

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