Biblioteca Popular José A. Guisasola


Ana María Shua
Editorial Páginas de Espuma




En este circo podrán contemplarse el extraño caso de la novela enana, acróbatas que dan saltos mortales fuera de la realidad, humanos amaestrados, malabaristas de verbos y un ángel trapecista.

En este circo se verán seres mitológicos contratados a regañadientes y personajes que se equivocaron de género literario.

Los lectores se morderán los labios con el difícil equilibrio del amor, el drama del payaso, el increíble origen de la vida y la espeluznante sociedad del espectáculo. Y no, no hará falta que "pasen y vean" porque ya sospecharan que la vida es circo.

Ana María Shua cuestiona, una vez más, los límites convencionales de la narración en esta colección de microrrelatos que se articulan a través de la metáfora del circo, de sus oficios, sus monstruos, sus animales y su historia. La autora argentina, máxima exponente del género, presenta con sutil lirismo y punzante sentido del humor el destino del ser humano y nos permite mirar de frente, como en la arena circense, la desafiante y extraña realidad.




La mujer que vuela

-Puedo volar -dice la mujer.
Se la ve grande y cansada. Fue bella.
-Trapecista. Una genial trapecista- entiende el director del circo.
-No. Yo vuelo. De verdad.
-¿Con cables invisibles? ¿Con un sistema de imanes, como el mago David Copperfield?
-Usted no entiende. Como Súperman.
La mujer alza el vuelo y da una vuelta completa alrededor de la carpa.
-Una gran artista. Pero no es este su lugar, señora - el director es sincero y odia tener que rechazar a una gran artista. - Este es un modesto circo de minicuento. Estoy seguro de que tendrá más suerte en una novela de realismo mágico. (pág.62 )




Los autómatas

Son hombres, mujeres y niños excelsos en el arte de fingir la vida. Imitan con tanta perfección los movimientos humanos que sólo su constante repetición los denuncia como muñecos de madera. Su dueño y creador descolla en la perfección de los detalles, como el brillo de la piel, el volumen de la carne. Uno de los hombres tiene un tic; una mujer, con los ojos perdidos, esboza una semisonrisa, como respondiendo a un recuerdo, un chico resfriado se sorbe los mocos.
Pero si son casi perfectos en su imitación de la vida, hay que ver la perfección absoluta con que mueren, la gradual palidez que se apodera de sus mejillas, el abandono inanimado de sus cuerpos, la sorprendente, sorprendente rapidez con que se pudre la madera. (Pág.64 )




Magia

“Un macho y una hembra de la misma especie (homo sapiens incluido) unen ciertas zonas de su cuerpo, aquellas por las que más se diferencian. En el interior del vientre de la hembra se fusionan a su vez el principio femenino con el masculino y de esa unión comienza a formarse un nuevo ser que nacerá en un tiempo variable de acuerdo con la especie: casi dos años en el caso de los elefantes, nueve meses en el caso de los seres humanos, mucho menos en los insectos. Exige paciencia porque es un número lento, pero resulta muy impresionante, sobre todo para los niños. Se conocen muchos de los procesos físico-químicos concomitantes, pero hasta ahora nadie ha logrado descubrir el truco, ni copiarlo” (Pág. 65)




Mago con serrucho

Con el serrucho, el mago corta en dos la caja de donde asoman las piernas, los brazos y la cabeza de su partenaire. La cara de la mujer, sonriente al principio, se deforma en una mueca de miedo. En seguida empieza a gritar. Brota la sangre, la mujer aúlla pidiendo socorro y mueve los brazos y las piernas con aparente desesperación mientras la gente aplaude y se ríe. Después sólo se queja débilmente y al fin se calla. En otras épocas el público era más exigente, recuerda el mago: pretendía que la mujer volviera a aparecer intacta. Ahora, en cierto modo, todo es más fácil. Excepto conseguir ayudante, claro. (Pág. 66)




Nudo gordiano

El carro de Gordias, rey de Frigia, estaba atado con un nudo tan complicado que nadie lo podía desatar. Según el oráculo, quien fuera capaz de deshacer ese nudo conse¬guiría conquistar toda Asia Menor. Sólo Alejandro Magno fue capaz de encontrar la solución: cortó el nudo con un tajo de su espada. Pero este no es el caso, amigos, les ruego que tengan un poco más de paciencia, insiste la joven contorsionista, ante los hombres que la sacaron en andas de la pista y desde hace tres días están tratando de desanudarla. (Pág.73)




La Demostración

“Los trapecistas, los payasos, los contorsionistas, los acróbatas, los caballistas, los forzudos, exhiben alegremente sus habilidades. Pero los tragasables, que no pueden mostrar más que una parte de su número, se pasan la vida tratando de demostrar que la otra parte es auténtica. A los demás nos pasa lo mismo. Nuestra vida transcurre tratando de demostrar que no fingimos, que es realmente así, que nos tragamos la aguja de tejer, el bastón, los cuchillos, la espada hasta la empuñadura misma. A diferencia de los tragasables, todos sabemos que es un truco”. (Pág. 75)




Payaso perfecto

Nada tan desopilante como el fracaso ajeno. Los payasos fracasan ruidosamente en toda tarea que emprenden y el público ríe, ríe, ríe. El payaso perfecto fracasa incluso en su intento de divertir a los espectadores, que lo miran aburridos o incluso tristes. Es la culminación absoluta de su arte, pero pocos lo comprenden. Despedido del circo, nadie quiere emplearlo y camina por las calles desalentado, menos gracioso que nunca, seguido por un grupo de jóvenes universitarios que lo consideran un espectáculo de culto. Con el tiempo, llegará a ganarse la vida dando conferencias. Su país lo postula al Premio Grock, el Nobel de los payasos. (Pág. 77)




Payaso shakespeariano

William Wallet fue un payaso inglés que podía responder a los comentarios o pullas del público con citas del Bardo. El número es difícil pero no imposible, yo misma lo he intentado con relavo éxito. Excepto que nadie se da cuenta. (Pág. 78)




La poeta ecuyere

Su número consiste en montar el signo y hacer piruetas acrobáticas sobre la gruesa línea que separa significado de significante. El signo, mucho menos dócil de lo que el público imagina, a veces se encabrita y la voltea de un corcovo. Entonces la ecuyere se lamenta de haber abandonado la gramática y el diccionario para seguir al circo. La aplauden poco. (Pág.80)




Problemas con los elefantes

Siempre el problema de los elefantes. Las dificultades para alimentarlos, sus caprichos. Los fardos de pasto que nunca alcanzan, sus exigencias de prima donna. Quieren salir últimos, como broche de oro del espectáculo, figurar primeros en el cartel, quieren que la joven que levantan en su trompa sea una modelo famosa y cotizada, quieren bombones, imagínense: no menos cuarenta kilos de bombones. Quieren manteca, pero suelta y no en paquete, para frotarse las arrugas en la piel de las rodillas. Y después, ante el domador, como si nada: obedientes, graves, silenciosos. Todos se burlan de mí, nadie me cree, es agobiante, estoy harto de ser cuidador de elefantes, quiero cambiar, estoy comiendo mucho, me dejo crecer la trompa. (Pág. 81)




¿Quién es la víctima?

Los payasos actúan en parejas. Por lo general, uno de ellos es víctima de las bromas, trucos y tramoyas del otro: el que recibe las bofetadas. Las parejas pueden ser Augusto y Carablanca, Pierrot y Arlequín, Penasar y Kartala, el tonto y el inteligente, el gordo y el flaco, el torpe y el ágil, el autor y el lector. (Pág. 82)




Ventajas femeninas

Quién si no las mujeres, siempre dispuestas a doblarnos (los hombres son tan derechos), con nuestro estilo complicado y retorcido (los hombres son tan simples), con nuestras articulaciones laxas (las de los hombres son tan rígidas), quién si no las mujeres y las serpientes para contorsionistas, empecinadas en ese nudo obsceno, tentador, reprobable, que sin embargo non exigen, nos aplauden” (Pág. 88)




Los freaks

En el número del trapecista, lo esencial es el riesgo. En el del malabarista, la habilidad. Pero al freak no le basta con ser deforme, la gente se cansa rápido de mirar. La capacidad de concentración es breve en los seres humanos, (lo saben también aquellos que pretenden sostener la atención de la gente con un cuadro, una instalación, una escultura). No hay fenómeno de circo tan interesante como para entretener al público sin necesidad de representar algún número. Por eso los freaks necesitan pergeñar una actuación en la que su deformidad se destaque y se supere, que incluya acción, movimiento, y un módico relato que los sostenga.

Así, la artista inglesa Elizabeth Allen, además de mostrar sus cuernos naturales, bailaba y entonaba canciones picarescas sobre el escenario. Así los famosos Johnny y Robert Eckhart, hermanos gemelos (excepto que Johnny no tenía piernas) horrorizaban a los espectadores con el truco del mago y el serrucho. El más famoso de los hombres-gusano, el Príncipe Randian, enrollaba, encendía y fumaba su cigarro en público, y no era poca proeza. Yo misma me hamaco con violencia en las palabras y escucho al lector suspirar con alivio cuando evito por milímetros, en cada envión, ser arrojada fuera del límite de veinticinco líneas que los críticos han establecido para este género. (Pág. 91)




Ausencias

Está bien, a su artista le faltan los pies, pero con eso no es suficiente. ¿Qué sabe hacer? ¿Al menos camina con las manos? Es una suerte muy común, pero en un hombre sin pies podría sacarle provecho. Ya veo. Tampoco tiene manos. Sería interesante si pudiera hacer algún tipo de acrobacia con los muñones. ¿Ni brazos ni piernas? Bueno, eso ya vale la pena. Un hombre gusano. ¿Vio alguna vez la actuación del Príncipe Randian en la película Freaks?… Pero por lo que me dice, el torso… ¿Y la cabeza? Una cabeza que habla siempre impresiona, sobre todo si podemos demostrar que no es un truco. ¿Tampoco eso? Me parece cada vez más atractivo. ¿Por qué no me lo trae para que lo vea? Ah, ya está aquí, comprendo. (Pág. 93)




La pequeña Lucía Zárate

En su edad adulta, la mexicana Lucía Zarate llegó a medir cincuenta centímetros. Pesaba dos kilos y medio y era perfectamente normal en cualquier otro aspecto. Fue la enana de circo mejor pagada de la historia. En 1880 ganaba nada menos que veinte dólares la hora. Murió una noche por congelamiento, cuando el tren en el que viajaba quedó varado en las Montañas Rocallosas.

Aquellos que van en peregrinación hasta el lugar de su deceso, la consideran una intercesora ante la divinidad. Instalada a los pies del Trono del Señor, sólo ella en toda la jerarquía de santos sería capaz de resolver los pequeños problemas que los demás desdeñan. Se ruega a la mínima Lucía para que nos libre de los callos, el mal aliento, las visitas inoportunas, la gente que habla en el cine, las manchas de comida en la ropa buena y la picazón por alergia de contacto. (Pág. 99)




Fenómenos y números

Se trata de que el monstruo realice precisamente aquellas pruebas que exigen la participación de las partes faltantes o deformes. Tiene mucho éxito, por ejemplo, la dama sin brazos que firma autógrafos con los pies, la gorda de circo que baila ballet, el hombre sin pierna que anda en bicicleta, el niño sin cabeza que se suena la nariz en el público. (Pág. 101)




La mujer Cara de Mula

Grace McDaniels, la Mujer Cara de Mula, sufría una enfermedad congénita el síndrome de Sturge-Weber, en una variante degenerativa. La Hidra de Lerna, La Quimera, y el Can Cerbero, eran hijos de Tifón y Equidna, es decir que, esos casos, el problema no era congénito sino hereditario. Al empresario que los regenteaba le daba igual. (Pág. 103)




Todo es relativo

Todo es relativo. En mi planeta ganaba concursos de belleza. Aquí soy un fenómeno de circo, dice con tristeza la hembra de Alfa Centauri, sacudiendo sus apéndices vibrátiles. Total, quién puede desmentirla. (Pág. 107)




Tres piernas

El rey Salomón le exigió cierta vez al demonio Asmodeo que le mostrara a uno de los seres que viven en el reino subterráneo. Tembló la sala del trono, se abrió la tierra y un hombre extraño, con tres piernas, surgió de las profundidades. Asmodeo no tenía el poder de hacerlo regresar a su mundo, y tampoco el rey Salomón. Para compensarlo de algún modo por su injusto exilio, Salomón lo empleó como pastor de sus rebaños.

En la primera mitad de siglo XX se exhibió en circos de Estados Unidos un hombre con tres piernas. Decía llamarse Francesco Lentini. La tercera pierna nacía de su espina dorsal, como si fuera un apéndice caudal, por lo que en su acto la utilizaba muchas veces como taburete.

Se equivoca el que intente descubrir alguna conexión entre estas dos historias. (Pág. 108)




Un fenómeno de circo

Se jacta de no ser, como otros, el resultado de una azarosa combinación de genes, sino un producto selecto, deliberado, decidido por un brillante equipo de científicos. Poco saben (aunque muchos sospechan) que es sólo una infame mescolanza de ADN involuntariamente provocada por la señora que limpiaba el laboratorio.

Se lo podría imaginar heterogéneo, una combinación de pelo, plumas y caparazón quitinosa y sin embargo su aspecto es casi monótono, barroso, uniforme. Lo disfrazan para los desfiles con telas de colores brillantes y aun así aburre, lo dejan estar en el circo por compasión, porque come poco, se comenta también que es buen intérprete simultáneo, muy útil cuando el circo viaja al exterior. (Pág. 109)




Demasiado

En el circo me tratan con ternura compasiva y me rechaza sin violencia, con buenas palabras, con excusas. De vuelta en casa me mira en el espejo rajado y me pregunto sin respuesta: ¿es que soy demasiado o no lo suficiente? (Pág. 110)




Blacamán y Koringa

El faquir cubano Blacamán, con ayuda de su discípula (y luego competidora) Koringa, hipnotizaban leones y cocodrilos en el circo mexicano. Sus detractores afirman que los leones estaban drogados y los cocodrilos fingían por dinero. (Pág. 115)




Desnudo

No es una estafa, como el traje del emperador, ni una broma, como el circo de pulgas. Por eso los payasos dirigen el chorro de las mangueras hacia su mole, para que el público pueda comprobar el choque del agua estallando contra una forma fugaz. A continuación el domador invita a la pista a un espectador cualquiera elegido sin trampas al azar. El hombre, o la mujer, o el niño, extienden la mano con una sonrisa divertida y la retiran de golpe, incómodos, asqueados, empalidecidos, por lo general se frotan la palma contra la ropa en un gesto de angustia.

A una seña del domador, un enano corre hasta el centro de la pista con un balde de pintura y lo arroja hacia arriba, con todas sus fuerzas. Ese es quizás el momento que más odia, empieza inmediatamente a sacudirse despidiendo hacia todas partes gotas y microgotas de pintura sin poder evitar sin embargo el horror, el escándalo, el desagrado que produce la breve y parcial percepción de su cuerpo, antes de volver a su púdica, invisible desnudez. (Pág. 118)




El dragón


El problema es que el dragón no sabe hacer nada. Está demasiado viejo para volar y logra apenas un patético revoloteo de gallina. Aunque un par de columnas de humo se elevan débilmente de sus narinas escamosas, ya no es capaz de expeler su fuego vengador. Es interesante, le dice el director, muy interesante, pero más apropiado para un zoológico que para un circo. Embalsamado, en su momento, podrá vendérselo por una buena suma a cualquier museo.

Y el dueño, o tal vez el representante del dragón, se va del circo desalentado, arrastrando su troupe de especies aladas, un grifo de mirada cansina, una familia de vampiros vegetarianos, un ex ángel que exhibe torpemente los muñones de sus alas mutiladas. (Pág. 119)




El ligre

El ligre, dicen las enciclopedias, es producto del cruce entre un león y una tigresa. Su aspecto es el de un gigantesco león con rayas de tigre difusas. Los ligres macho desarrollan melena. Su nombre científico es Panthera tigris x Panthera Leo. Más grande que su padre y su madre, el ligre llega a medir más de cuatro metros y a pesar hasta cuatrocientos kilos. Como el gen que inhibe el crecimiento se transmite por vía materna en los leones y por vía paterna en los tigres, el ligre no lo hereda, y, así,crece sin parar durante toda su vida.

Se dice que el más grande de los ligres excede el tamaño de todo lo conocido. Se dice que el universo entero, desde el Big Bang mismo, crece y se expande en la cavidad bucal de ese viejísimo ligre, que está a punto de morir. (Pág.120)




El tamaño importa

En 1832 llegó a México, con un circo, el primer elefante que pisó tierras aztecas. Se llamaba Mogul. Después de su muerte, su carne fue vendida a elaboradores de antojitos y su esqueleto fue exhibido como si hubiera pertenecido a un animal prehistórico. El circo tenía también un pequeño dinosaurio, no más grande que una iguana, pero no llamaba la atención más que por su habilidad para bailar habaneras. Murió en uno de los penosos viajes de pueblo en pueblo, fue enterrado al costado del camino, sin una piedra que señalara su tumba, y nada sabríamos de él si no lo hubiera soñado Monterroso. (pág. 121)




La gran atracción

Deja que lo vistan con ropa de colores brillantes y lentejuelas. En la arena del circo, camina erguido. Demuestra su comprensión de nuestro lenguaje obedeciendo sin dudar todas las órdenes del domador, resuelve problemas de aritmética sencillos que el público mismo le plantea y algunos dicen que hasta es capaz de hablar. Su dueño se lo lleva después con él al carromato, nunca ha querido encerrarlo en una jaula, no está bien hacer eso, explica a los curiosos, con un hombre amaestrado. (Pág. 122)




Leones y payasos

Que los leones se coman a los payasos es una gran desgracia. Es importante investigar para saber si se trató de un accidente, un crimen o un suicidio.
Que los payasos se coman un león, es una advertencia. (Pág. 125)




El mifps

El circo se destaca por sus animales exóticos, algunos completamente desconocidos, animales que no habitan ningún zoológico, que no es posible rastrear en ninguna selva, en ninguna sabana. El mifps, por ejemplo, resulta tan extraño que no necesita hacer ninguna prueba para ganarse el aplauso de los espectadores, pero como es de carácter laborioso la hace de todos modos, se para sobre sus lárpites y mueve de un lado a otro su zompeta perturbando a las damas presentes, basta, basta le grita el domador, pero el mifps no lo escucha y estira la zompeta clavándola en la arena, y saca todos su crompsis y los remodia una y otra vez sin ninguna cortesía, y sobre todo se traga el aire, todo el aire de la pista, el mifps se hincha enormemente y los espectadores empiezan a sentirse asfixiados, basta, basta, grita el domador, blandiendo el látigo, pero el mifps no lo escucha porque no tiene aparato de audición, y el látigo le resulta simpático, se parece a uno de sus crompsis, descarga en respuesta un par de latigazos cariñosos sobre la espalda del domador, quién me manda, se dice el domador, quien me manda meterme con bestias venusinas que son tan parmolieta duras, tan tozudas. (Pág. 126)




El primer tragafuegos

Euno era sirio y esclavo, ingenioso y rebelde. En el año 133 antes de Cristo se convirtió (pero jamás lo supo) en el primer tragafuegos registrado de la historia occidental. Fue líder de una revuelta de esclavos en Sicilia, donde tomó varias ciudades, y llegó a coronarse rey. Como prueba de la inspiración divina que lo animaba, avanzaba al frente de sus desesperadas tropas escupiendo fuego, humo y chispas. Llevaba en la boca una cáscara de nuez llena de materia ígnea, brasas y azufre, soplando a través de sus perforaciones, con el efecto de un fuelle sobre las ascuas. En el Cirque du Soleil hubiera sido un gran artista. Capturado vivo, la muchedumbre de Roma se limitó a descuartizarlo, en un espectáculo sin duda interesante pero imposible de repetir. (Pág.144)




El acróbata de los azotes

En la educación de un príncipe de Inglaterra cumplía un papel fundamental el Niño de los Azotes. Cuando el príncipe cometía un error o una transgresión, se propinaba al Niño de los Azotes el castigo que estaba prohibido descargar sobre la sagrada persona de Su Majestad.

El famoso acróbata italiano Archange Tuccaro, autor del primer tratado sobre saltadores y volantineros (Trois Dialogues, París, 1599) fue contratado para enseñar el arte acrobático al emperador Maximiliano de Austria. De acuerdo con el relato de un testigo presencial, cada vez que el monarca cometía una torpeza mientras realizaba una voltereta en el aire, un joven saltimbanqui caía al suelo en su lugar. A causa de la poca habilidad natural de Maximiliano para este tipo de ejercicio, los jóvenes acróbatas, con los huesos rotos, debían ser frecuentemente reemplazados. (Pág. 147)




Houdini y Conan Doyle

Conan Doyle, el más lógico de los escritores del mundo, capaz de llevar el razonamiento hasta sus últimas y disparatadas consecuencias, creía sin embargo en los fenómenos paranormales. Su gran amigo Harry Houdini, el ilusionista que hechizó audiencias del mundo entero con su magia, era un racionalista absoluto, que dedicó buena parte de su vida a desenmascarar los trucos de mediums y espiritistas. Enfrentados por tan dispares opiniones, su amistad se deshizo. Sólo después de su muerte logró reconciliarlos Sherlock Holmes. (Pág. 154)




Troupes Etnológicas

Fue Louis Dejean, el genial director de circo francés, el primero en presentar troupes etnológicas formadas por etnias poco conocidas. Auténticos nubios, hotentotes, innuits (entonces llamados esquimales), indios sioux, desfilaron en el siglo XIX por pistas y vodeviles de Europa. Una de estas troupes, proveniente de la Atlántida, el continente hundido, hizo las delicias del público durante una sola noche mágica, antes de extinguirse por culpa del coreógrafo, que tuvo la mala idea de hacerlos saludar fuera del agua. (Pág. 160)



Fuentes consultadas:

http://paginasdeespuma.com/catalogo/fenomenos-de-circo/
http://www.escueladeescritores.com/archivos/fenomenosdecirco.pdf
http://brujulasyespirales.blogspot.com.ar/2011/09/ana-maria-shua-equilibrista-de-la.html
https://abraelazuldelcielo.blogspot.com.ar/2015/01/fenomenos-de-circo-pequenos-cuentos-de.html
https://airenuestro.com/2014/11/14/el-microrrelato-de-los-viernes-fenomenos-de-circo-de-ana-maria-shua/
http://jyanes.blogspot.com.ar/2011/11/los-mas-leves-del-circo-ana-maria-shua.html
http://www.eternacadencia.com.ar/blog/ficcion/item/fenomenos-de-circo.html

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